La comunidad de San Diego, en el municipio de Rio Verde en San Luis Potosí, es una comunidad rural con un poco más de 1000 habitantes. Se localiza a 30 minutos de la ciudad de Rio Verde y a 15 minutos de la hermosa Media Luna, lugar tusístico reconocido mundialmente. Es un ejido que se fundó por la hacienda de San diego en el año de 1619 por Don Luis de Cárdenas, en 1750 la hacienda fue comprada por don Manuel Antonio de Roxo, en 1913 debido al movimiento armado revolucionario, la hacienda fue saqueada y abandonada.
Los pobladores de esta comunidad ejidal, tuvieron un antecedente alfarero. Realizaban los contenedores de agua que mantenían el agua fresca debido a la porosidad del barro. A la llegada de los garrafones de agua distribuidos en botellones de plástico, estos contenedores perdieron vigencia y dejaron de hacerse.
Los yacimientos de barro de la región son bastos, de fácil extracción y de excelente calidad.
El pasado mes de Marzo, en el marco del Festival Bonito Rio Verde, tuvimos la oportunidad de conocer de cerca esta comunidad y trabajar con ellos en una capacitación para realizar moldes de una y dos piezas en yeso. Les enseñamos a utilizar la técnica de prensado con esos moldes.
La finalidad de esta capacitación fue tener un primer acercamiento con las mujeres de la comunidad y conocer la disposición de ellas para retomar el oficio alfarero.

Don Juan y doña Juanita nos recibieron en su casa y pusieron a disposición de la comunidad el zaguán de su casa para llevar a cabo la capacitación.
Ha sido una de las experiencias más enriquecedoras. Fueron 3 días muy productivos, acompañados de los exquisitos platillos que preparan en la región así como las tortillas recién “hechadas” al comal.
El primer día, que fue viernes, iniciamos con la explicación del uso de los moldes y cómo se empleaban en la elaboración de pequeñas series de productos de barro. Al conocer la técnica y lo que se pretendía hacer en la capacitación, la respuesta fue de gran interés.
Dejamos secar sábado y domingo los moldes elaborados, para continuar el lunes siguiente. Para la elaboración de piezas, acabado y decorado. La memoria individual de cada uno de los participantes, se convirtió en referentes compartidos entre todos ellos. El contacto con el barro, los fue llevando a los recuerdos con sus mayores, cuando ellos eran niños y niñas y veían a sus abuelas trabajar el barro, extraerlo del cerro, elaborar piezas “enormes”, secar las piezas, preparar los hornos para su quema, etc.
Fue algo maravilloso descubrir los velos del recuerdo y mirar sus ojos cómo se abrían al recuerdo de aquello que en su tiempo acompañó sus días de niños, el barro. Para mí, esa experiencia fue muy emotiva, presenciar cómo, con el contacto del barro, surgía todo aquello que ellos consideraban que no sabían, que no tenían, una herencia oculta de sus madres y abuelas.
Al siguiente día, y como la capacitación y los recuerdos les trajeron tema de conversación para los cercanos y lejanos, nos enteramos de algunos hornos que existen aún en la comunidad y de los lugares precisos para la extracción del barro.
Fuimos con pico y pala para la extracción y poder hacer las pruebas correspondientes de plasticidad.
La estancia de tres días se convirtió en un parteaguas para todos. Todos quedaron fascinados con el trabajo del barro y yo, al igual que ellas, maravillada de sus habilidades.
Algunas piezas las llevamos a quema con leña, y como se construyeron con barro comercial que se había llevado para la capacitación, no resistieron, pero recordaron lo que sucedía alrededor de aquellas quemas.
Al tener disposición, yacimientos, historia y herencia alfarera, esperamos que la comunidad retome ese hermoso oficio y próximamente encontremos sus piezas para que los visitantes a la Ex - hacienda y a los paseos alrededor de su presa, puedan llevarse un recuerdo realizado por las manos y barro del lugar.
Así que cuando visiten este lugar, la comunidad de San Diego, a 30 minutos de Rio Verde y a escasos 15 minutos de “La Media Luna”, y adquieran una de sus piezas, como en todas las artesanías en nuestro país, recuerden que se llevan un pedazo de muchas generaciones anteriores, en este caso generaciones que reviven en el oficio de las mujeres de esta comunidad.
La finalidad de esta capacitación fue tener un primer acercamiento con las mujeres de la comunidad y conocer la disposición de ellas para retomar el oficio alfarero.

Ha sido una de las experiencias más enriquecedoras. Fueron 3 días muy productivos, acompañados de los exquisitos platillos que preparan en la región así como las tortillas recién “hechadas” al comal.
El primer día, que fue viernes, iniciamos con la explicación del uso de los moldes y cómo se empleaban en la elaboración de pequeñas series de productos de barro. Al conocer la técnica y lo que se pretendía hacer en la capacitación, la respuesta fue de gran interés.
Todos iniciaron elaborando modelos de plastilina para poder realizar los moldes. Fue muy agradable notar la gran disposición para aprender y realizar sus modelos y moldes.
Dejamos secar sábado y domingo los moldes elaborados, para continuar el lunes siguiente. Para la elaboración de piezas, acabado y decorado. La memoria individual de cada uno de los participantes, se convirtió en referentes compartidos entre todos ellos. El contacto con el barro, los fue llevando a los recuerdos con sus mayores, cuando ellos eran niños y niñas y veían a sus abuelas trabajar el barro, extraerlo del cerro, elaborar piezas “enormes”, secar las piezas, preparar los hornos para su quema, etc.
Al siguiente día, y como la capacitación y los recuerdos les trajeron tema de conversación para los cercanos y lejanos, nos enteramos de algunos hornos que existen aún en la comunidad y de los lugares precisos para la extracción del barro.
Fuimos con pico y pala para la extracción y poder hacer las pruebas correspondientes de plasticidad.
Algunas piezas las llevamos a quema con leña, y como se construyeron con barro comercial que se había llevado para la capacitación, no resistieron, pero recordaron lo que sucedía alrededor de aquellas quemas.
Así que cuando visiten este lugar, la comunidad de San Diego, a 30 minutos de Rio Verde y a escasos 15 minutos de “La Media Luna”, y adquieran una de sus piezas, como en todas las artesanías en nuestro país, recuerden que se llevan un pedazo de muchas generaciones anteriores, en este caso generaciones que reviven en el oficio de las mujeres de esta comunidad.
Gracias a todos
ellos:
- Ely Zúñiga Vázquez
- Juana María Torres Martínez
- Norma Cruz Gutiérrez
- Orfa González Morales
- Alejandra Rangel C.
- Bernarda Sotelo
- Ana Morales Moya
- Gustavo Guerrero R.
- Juan González Cruz
- Ana Cristina Guerrero M.
- Isabel Zárate
- Araceli Gálvez
- Irene Méndez Torres
- Ma. Isabel Gómez Piña
- Josefina Moreno U.
- Amanda González Cruz
y a mi querida asistente en todas
estas aventuras..
“… Otra de las formas de hablar de la memoria
colectiva es pensándola como
un agregado de memorias
individuales. En esta línea, las experiencias
y conocimientos compartidos se
recuperan de los individuos que
vivieron en el pasado
circunstancias semejantes. Para los psicólogos
sociales que sostengan este punto
de vista serán muy útiles los planteamientos
de Carl Mannheim sobre el tema de
las generaciones, esto
es, sobre las unidades
generacionales que comparten un contexto histórico-social
y que toman de la experiencia un
conocimiento de tipo similar;
al decir de Conway (1998), “son
tipos de experiencias, de las cuales
las memorias específicas de los
individuos que recuerdan son muestras”
Manero Brito, Roberto; Soto Martínez, Maricela Adriana Memoria colectiva
y procesos sociales Enseñanza e Investigación en Psicología, vol. 10, núm. 1,
enero-junio, 2005, pp. 171-189 Consejo Nacional para la Enseñanza en
Investigación en Psicología A.C. Xalapa, México
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